Advertencia: este es un post absolutamente personal y muy largo. Quizá para otro sea una boludez, pero para mí fue toda una locura haber ganado un BGH Quick Chef Music, y una especie de aventura todo el trayecto desde que grabé el cover hasta que volví a mi ciudad con el aparato, así que en este post voy a relatar cómo se fue dando todo. ¡Espero no aburrirte!
El 2 de noviembre del año pasado, llegó a mi lector de RSS una nueva entrada en el blog de Milton. El título era: “ BGH Quick Chef Music: Un microondas USB con música”. Me puse a leer de que se trataba, y la cosa era que el aparato en cuestión reproducía la canción que vos querías en vez del clásico “Piii piii piii” cuando terminaba de calentar.
No soy muy fan de los concursos, digamos, me anoto más que nada en sorteos, pero esos de que para ganar un par de medias tenés que acumular 1667825 puntos en un juego en 3D que tiene 79 etapas y necesitas conexión de 8 megas para que ande más o menos bien, sumado a que después te tienen que votar como el jugador favorito, no me convencen. En este, la consigna era grabar un cover (léase: versión propia de un tema conocido) de alguna de las tres canciones que se proponían (I will survive, It’s raining men o California Dreamin’) pero cambiándole la letra, la cual tenía que corresponder a una receta.
No se por qué, no tengo la menor idea de cual fue la razón, pero de repente estaba abriendo un notepad a las apuradas porque me tenía que ir al laboratorio, inventando una letra en 3 minutos y grabando un cover de I will survive, que se llamó “Fideos recalentados”.
Lamentablemente, como buen huevón que soy, no lo guardé, simplemente lo dejé ahí en la web y ya no está más, y tampoco me acuerdo la letra del todo… Pero decía más o menos así:
"No sabía que hacer para almorzar,Lo escuché una vez, no me convencía por dos cosas: primero, en todo caso no era “quedan muy espectacular”, sino “quedan muy espectacularES”… pero decidí dejar de lado mi TOC, porque aunque soy un fiel convencido de que cada vez hablamos peor, estaba bastante apurado como para ponerme a redactar correctamente algo que (¿Seguramente?
y me acordé que en la heladera tengo algo genial,
unos fideos de ayer que preparé y no terminé,
y ahora zafé de cocinar.
Voy a cantar al terminar
de calentar estos fideos que me vienen a salvar.
Fideos recalantados que quedan muy espectacular
¡Queso rallado, manteca y van re bien!”
Por ello entré a su blog y pedí ayuda en el post en cuestión, un poco de apoyo para mi receta. Me fui al laboratorio, y cuando volví tenía (de la nada) arriba de 40 votos. “¡A la mierrr…!”, pensé.
Después le conté a mi mamá, cuya primera respuesta fue: “¡Jajaja! ¿Quién canta?”. Luego de convencerla de que era yo, empezó a votarme todas las veces que podía, le contó a mi tía, quien hizo lo mismo, a sus amigos interneteros, etc, etc, etc. Yo cada tanto entraba para ver como iba, y de a poco me daba cuenta de que subía puntos y puntos, y estaba cabeza a cabeza con otra receta llamada “Hamburguejas al vapor”.
Los días pasaban, la gente seguía votando, y llegó a ser (según me confirmó Viviana, la chica que nos atendió en BGH) la mas votada de todas. Cuando me fijé por última vez, tenía arriba de 300 votos…
Así pasó el tiempo y yo me empecé a ilusionar, pero tampoco quería engañarme: más allá del puntaje, las bases del concurso decían, por un lado, que los ganadores serían seleccionados por un jurado; y por otro, que, en caso de ganar, debía presentarme a retirar el premio personalmente en Capital Federal el 26 de diciembre, cosa que veía muy poco probable, ya que para esa fecha iba a estar en Necochea.
La cosa es que diciembre fue bastante movido (fiestas de despedida, egreso de una amiga –primera bioquímica del grupo-, fin de cursar, exámenes finales, etc.). Cada tanto me acordaba y miraba la página, pero mucha bola no le daba. Y, a mitad de mes, de la página de BGH salieron las recetas y apareció una leyenda que decía “Pronto daremos a conocer los ganadores”.
Pero diciembre llegaba a su fin, y nada pasaba… Yo me había quedado un poco triste, pregunté en la página de facebook que tiene BGH y me decían “Pronto te vas a enterar de los ganadores”, y nada pasaba… Comenzó 2012 y nada pasaba… Pensé que se había suspendido el concurso. ¡Nada pasaba!
Hasta que un día apareció un nuevo cronograma de publicación de ganadores, entrega de premios, etc., el cual había sido modificado por la gran cantidad de recetas cantadas. Ahí me volví a ilusionar, pero, repito: me tiraba abajo el hecho de que iba a tener que ser elegido por un jurado. Y había varias recetas realmente buenas.
Ya me había olvidado de todo el asunto cuando, hace casi dos semanas, estaba en la cocina, y escucho a lo lejos sonar el teléfono que dejé cargando en mi habitación. Corrí pero no llegué atender, y vi que era un número de Buenos Aires, desconocido. No me preocupé porque pensé que eran los de Claro para ofrecerme algún módem o algo por el estilo. Al rato volví a la cocina, el teléfono volvió a sonar, nuevamente no llegué a atender. Esta vez era otro número de Capital, pero con una diferencia: habían dejado un mensaje de voz.
Me extrañó, ya que los de Claro no dejan mensajes (si era así, hubiera sido el colmo). Llamé al buzón de voz, y me atendió la cordial computadora, hablando lo más lento que una persona puede hablar, y diciéndome “Bienvenido a su correo de voz, vamos a configurarlo para que pueda utilizarlo.”.
“Pero la p…” pensé, y ahí caí en la cuenta de que nunca lo había abierto desde que tengo este número (febrero del año pasado), y estuve a punto de colgar y olvidarme del mensaje, pero, nuevamente no se por qué, seguí todos los pasos. Que la clave, que grabar mi nombre, que grabar mi saludo personal, que saltar cinco veces alrededor de una hoguera cantando “Danza kuduro” mientras haces palmas con las manos, etc., hasta que llegué al bendito mensaje, el que decía así:
“Hola Matías, mi nombre es María Emilia, te estoy llamando desde BGH, es por la promoción BGH Music, necesitaría que te comuniques lo mas pronto posible al (---), y preguntes por María Eugenia o Viviana. Gracias”.
Colgué y no podía creer lo que estaba escuchando. Quería gritar, pero mi mamá dormía la siesta, así que no lo hice… Con todos los nervios del mundo llamé, y me atendió una operadora. Pregunté por las dos personas en cuestión, y al pasarme me atendíó el contestador de otro empleado que no era ni María Emilia ni Viviana… Volví a intentar, y esta vez se cortó la comunicación…
Ya me estaba poniendo nervioso, cuando, al tercer intento, ¡Logré hablar con María Emilia, y me comunicó que era un potencial ganador del microondas! Me pidió que le confirmara lo más pronto posible si iba a poder estar presente en la entrega de premios que se iba a realizar el jueves 26 a las 15, y me contó más o menos como era la cosa, a su vez que me dijo que me mandaría info por e-mail. También me recordó que se me iban a realizar dos preguntas de interés general para poder adjudicarme el premio y pasar de “potencial” a “electo”. Eso me puso medio nervioso, ya que de ir, sería terrible hacer un viaje de 500 (en realidad 1000) kilómetros en un día, ida y vuelta, para, por una pregunta, volver con las manos vacías.
La cosa es que recién el viernes anterior mi viejo me dijo que me podía llevar, porque ir en colectivo era un GRAN quilombo, más allá de que no conozco mucho Buenos Aires, irme con ese aparatote hasta la terminal, ver cómo lo mandaba, la plata del envío, la plata de los pasajes, iba a ser mucho lío y, además, básicamente saldría más de la mitad del precio que calculamos del microondas. Intenté llamar por teléfono para confirmar mi presencia, y esta vez se me hizo imposible, así que decidí mandarle un mail a María Eugenia.
Terminé de ponerme nervioso cuando apareció en mi bandeja una respuesta automática, diciendo que iba a estar de vacaciones hasta el 30 de enero… Yo ya me veía tirado triste en mi cama viendo las fotos del ganador suplente recibiendo su microondas cantante.
No se cómo pero me di cuenta de que el mail que me había mandado a mí en principio también iba dirigido a “Viviana”, así que le mandé uno a ella, y mis nervios pasaron a alivio y alegría cuando, en literalmente menos de cinco minutos, tenía una respuesta de ella.
Después de esto pasó muy rápido la semana que faltaba, y yo estaba bastante preocupado por las dichosas preguntas de interés general. Por esto es que no se lo conté a muchas personas, y decidí no publicarlo en ninguna red social o algo por el estilo, hasta estar seguro de que iba a ser mío.
Así llegó el miércoles a la madrugada, no dormí nada, no tanto por nervios, sino porque tengo el sueño cambiado desde hace bastante. Aproveché para repasar ministros, capitales, fechas patrias, y alguna otra cosa que se nos ocurriera con mi mamá. Se hicieron las 6 y mi papá se despertó, yo ya me había bañado, así que desayunamos, cargamos los sándwiches que mamá nos había hecho el día anterior, una gaseosa, y salimos para Buenos Aires, viaje que también iba a servir como prueba piloto de un GPS que compramos para las vacaciones.
Gracias a este llegamos bastante bien, también nos perdimos bastante en la entrada, y terminamos no haciéndole caso varias veces. Por suerte no tiene el aviso que dice “Recalculando”, porque sino lo hubiéramos tirado por la ventana. De todos modos queda todavía el eco en mi cabeza de la voz diciendo “Radar vigila”. Durante el viaje, Nacho, un amigo que sabe bastante de todo pero especialmente de cultura general y política, me explicó rápidamente por mensaje algunas cuestiones básicas sobre el congreso y la organización de la Argentina. Ahora sí, mis nervios empezaban a aumentar.
Llegamos al lugar, Brasil al 700, a las doce y media del mediodía, y nos pusimos a buscar estacionamiento. Después de buscar alguno pago y no encontrarlo, conseguimos uno milimétrico sobre la vereda, a tres cuadras de BGH, y decidimos no movernos, a pesar de que faltaban dos horas y media para ir a retirar el premio, por miedo a perder el lugar.
Aprovechamos para almorzar mientras escuchábamos la radio, y mantuvimos el auto encendido para que funcionara el aire acondicionado. En eso una señora que vivía en la casa sobre la que estábamos estacionados salió y se nos quedó mirando un largo rato, nosotros después caímos en la cuenta de que dos hombres sentados en un auto encendido en frente a tu casa, pueden sonar medio sospechosos.
Una hora después estábamos muy embolados, y salimos a caminar. Nos embolamos más, porque esa zona de Buenos Aires no es muy comercial (según me contó después Nacho) y no encontramos nada muy interesante. Lo bueno fue que, volviendo hacia el auto pasamos por en frente de BGH, y nos topamos con un cartel gigante que decía “ESTACIONAMIENTO POR DÍA, MES, HORA”. Nos causó mucha gracia no haberlo visto antes, y a la vez alegría el hecho de poder dejar el auto bien en frente. Fuimos a buscarlo, y entramos al edificio a las 14:20, preferimos eso a estar apretados en el auto.
Esperamos en la recepción, y al rato llegó Viviana. Nos atendió EXCELENTE, yo le comenté mi inquietud por las preguntas, y me tranquilizó diciéndome que iban a ser muy fáciles, ya que solo era una formalidad legal, y que en ningún concurso pasó que la persona se quedara con las manos vacías. Yo, interiormente pensé: “Vos porque no me conocés…”
Al rato llegaron los otros dos ganadores, y a las 15 en punto bajamos al showroom, en el cual nos recibió el gerente y nos felicitó, a su lado había 3 cajas con los microondas adentro que yo miraba de reojo… Nos preguntó cómo se nos había ocurrido la idea para el tema, yo conté en forma muy resumida lo que escribí al principio del post. Nos ofrecieron cosas para tomar, pero yo estaba muy nervioso como para ingerir algo, y al rato nos llamó de a uno la escribana junto con otro empleado de la parte de legales. Las preguntas eran realmente muy fáciles (Apellido de soltera de la presidenta y capital de Chile), y luego de contestar rápidamente “Fernandez, Santiago de Chile”, por fin pude firmar las actas correspondientes y sentir que me lo había ganado.
Charlamos un rato con Viviana, y luego cruzamos la calle hasta el estacionamiento, cargamos el aparato en el auto y llamé a mi mamá, quien gritaba de la alegría. Lo anuncié con bombos y platillos, mandé mensajes, publiqué en Twitter, y en Facebook. ¡POR FIN!
Se nos complicó bastante la salida de Buenos Aires, no queríamos salir por el mismo lugar de ingreso, y hasta que logramos encontrar el camino que queríamos anduvimos bastante perdidos. Nuevamente gracias al GPS, y gracias a la evasión de su cálculo automático de ruta, logramos salir, y llegamos a Necochea a las 22:30. Abrimos rápidamente el microondas, y lo probamos.
Viene con un pendrive de 2 gigas, en el cual uno puede poner la canción que quiera, y ya trae precargadas dos de las de la publicidad. Nos reímos mucho al escucharlo sonar.
Así que bueno, tengo muchas ganas de usarlo, pero acá en mi casa no hay mucho espacio para poner semejante armatoste. Pero cuando vuelva a mi departamento voy a tener un nuevo artefacto tecnológico, de esos que tanto me gustan. Y ya tendré tiempo de bailar al compás de los fideos de ayer.
Nuevamente, ¡Muchas gracias a todos los que me ayudaron!