miércoles 22 de julio de 2009

Light en sinceridad

Como estoy intentando bajar unos kilos (y aparte porque desde que cursé bromatología y nutrición me llaman más la atención este tipo de cosas) miro constantemente las informaciones nutricionales de las cosas que compro, para ver las calorías que tienen. No por el hecho de compulsivamente comprar el que tenga menos, sino que me fijo si la diferencia entre un producto y el otro es tal que valga la pena comprar el (además generalmente más caro) reducido en calorías.
Además me encanta aplicar las cosas que aprendo en la universidad a la vida cotidiana (quizá bajo esa frase enmascaré algún pequeño trastorno obsesivo-compulsivo, pero bueh), y cada vez que veo alguna evidencia de que un rótulo (llámese: todo lo que está impreso en el envase) no cumple con alguno de los artículos que vimos del Código Alimentario Argentino, me siento orgulloso con el simple hecho de poder pensar "¡Ahh! ¡Te agarré!" (sí: definitivamente tengo problemas :P).
Ejemplos más o menos correctos de esto son los productos que, en un intento de engañar al consumidor, exhiben, con letras gigantes, "LIGHT", y al lado, con letras del tamaño del radio atómico del helio, "en grasas". Por lo tanto, el alimento puede tener las mismas calorías que tiene uno que no es light; eso sí, vas a consumir menos lípidos.

Hoy tipo ocho de la noche se me ocurrió ir a comprar Coca (light, que más allá de que no engorda -y esto es verdad, que no me vengan con que por el metabolismo del pepinógeno mucásico la metabolizas como si fuera Coca común; sé que no es así por experiencia propia-, me gusta más que la común) y un par de cosas más que me hacían falta.
Dando vueltas entre las góndolas para ver si debería llevar algo más, llegué a la de los cafés/tes/infusiones, y decidí llevar cappuccino en polvo.
Por experiencia previa, ya sé que en estos productos hay bastante engaño, y que a veces el que es light vale dos pesos más y tiene solo dos calorías menos que el común. Entonces agarré dos paquetes de la misma marca, uno light y el otro común, y miré el cuadrito que aparece atrás.
Ojalá hubiera tenido la cámara en ese momento para poder sacarle una foto de cerca que tuviera nitidez y subirla acá. No me di cuenta de anotar las calorías de cada uno, pero creo que eran las que voy a nombrar a continuación.
El cappuccino "común" proveía 52 kcal/porción, y el "light", 31 kcal/porción. “Mirá vos", pensé, era bastante la reducción, y justificaba pagar los dos pesos más que valía el light.
Dos segundos más tarde volví a leer y no podía creer lo que veían mis ojos (mentira, hoy en día puedo creer todo lo que ven mis ojos e incluso lo que no ven también). En el paquete común decía: "Porción: 4 cucharadas de té (12 g)"; y en el light "Porción: 4 cucharadas de té (9 g)".

Si hacemos la cuenta:
52 kcal/12 g = 4,3 kcal/g
31 kcal/9 g = 3,4 kcal/g

Es decir, la diferencia de calorías por gramo es de menos de una. Eso sí: si solo leemos las cantidades por porción, nos da la idea de que uno tiene 21 calorías menos que el otro. Todo porque la cucharita con la que midieron la porción del cappuccino light es un poco mas chica.

Dejé los dos paquetes en su lugar, agarré otro de una marca alternativa, y me fuí a la caja (que, por supuesto, no fué una caja rápida).

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